Me planteé preguntas absurdas; repletas,
empapadas, desvordantes de celos.
"¿Y tú qué eres de ella?
¿Qué quieres con ella?
¿La quieres o es que te da por conquistar caras lindas?
Digo pensarás: ¿y a ti qué, si la respuesta es si? pero...
pues es sólo para saber torturarme con presición".
-Haha, las mismas preguntas debía hacerlas a veces hacia mi persona-
Acepto que no todo el tiempo soy buena,
es sólo que a veces me da por... pues...
por seguir mi instinto...
Pero eso por ahora ya no importa.
Si me divertí con alguien y creyó en verdad
mis palabras: me felicito!!
-Quererme para siempre, sin permitirme tenerla yo también-
(...)
Qué absurdo ¿no?
Pero yo la prefería tener al menos un segundo,
tan sólo para mí, aunque la perdiese para siempre.
-Qué mente retorcida e invadida en egoísmo era la mía-
Quizá no es egoísmo realmente,
quizá fue un instánte de desilución.
Porque quererla así y seguir soñando con estar con ella,
una vez más. Estar con ella un segundo que se quedé
para siempre detenido en mi tiempo.
Y aún así renunciar a intentarlo,
renunciar a volverle a decir lo mucho que la quiero,
cuánto la extraño.
Cuán grande es mi deseo por hacerla feliz,
por verla sonreír y escuchar su risa nuevamente,
no lo hace un egoísta de tiempo completo.
Lo hace sólo alguien lo suficientemente
sincero y "puro" -dígase a medias-, que acepta
quererla a pesar de tener que verla con alguien más,
a pesar de escuchar y saber lo herida qué está.
Y pues, ni modo, una promesa se cumple.
-Prometí siempre estar para ella-
Por más difícil que sea, por las tentaciones que
se presenten. No importa. Porque si rompiera
mi promesa, significaría que desde un inicio
fue alguien insignificante para mí.
Pero eso no va a pasar, porque aunque estemos
lejos, estaré siempre, aunque sea en su corazón.
Te quiero.
Empecé diciendo... y lo terminé sintiendo.
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